Celebramos a nuestra Madre del Cielo, la Virgen de Guadalupe

Celebramos a nuestra Madre del Cielo, la Virgen de Guadalupe

diciembre 13, 2020 0 Por Diócesis de Tampico

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Este año nuestra Iglesia diocesana celebró a nuestra Madre del cielo en grande y desde casa, en primer lugar nos lleno de alegría recibir la noticia de que el San Padre el Papa Francisco concedería la Indulgencia plenaria a todos aquellos que participaran fervorosamente de la Santa Misa en honor a la Virgen de Guadalupe este 12 de Diciembre, fue a través de los medios de comunicación que se hizo presente la visita de María Santísima, recordando esa visita que hizo a su parienta Isabel para ofrecer su servicio y la visita que hace a nuestra patria, a Juan Diego, dejándonos unas palabras que animan nuestra alma “No estoy yo aquí que soy tu madre”.

En toda nuestra diócesis, las parroquias realizaron procesiones, misas online, retiros marianos, conciertos de oración y demás encuentros de oración, todo esto con motivo de esta gran fiesta guadalupana. Nuestro Obispo Mons. José Armando celebró la Eucaristía el 12 de Diciembre a las 12:00am.

Durante su homilía hizo énfasis a las palabras que Isabel dijo a María “Quien soy yo para que la madre de mi Señor venga a verme” mismas palabras que repetimos, ya que ante la actual pandemia que vivimos, muchos hermanos nuestros no pudieron congregarse en multitudes pero ahora ella llegó a nuestra casa #EllaVaATuCasa

HISTORIA DE LA VIRGEN DE GUADALUPE

Un sábado de 1531 a principios de diciembre, un indio llamado Juan Diego, iba muy de madrugada del pueblo en que residía a la ciudad de México a asistir a sus clases de catecismo y a oír la Santa Misa. Al llegar junto al cerro llamado Tepeyac amanecía y escuchó una voz que lo llamaba por su nombre.

Él subió a la cumbre y vio a una Señora de sobrehumana belleza, cuyo vestido era brillante como el sol, la cual con palabras muy amables y atentas le dijo: “Juanito: el más pequeño de mis hijos, yo soy la siempre Virgen María, Madre del verdadero Dios, por quien se vive. Deseo vivamente que se me construya aquí un templo, para en él mostrar y prodigar todo mi amor, compasión, auxilio y defensa a todos los moradores de esta tierra y a todos los que me invoquen y en Mí confíen. Ve donde el Señor Obispo y dile que deseo un templo en este llano. Anda y pon en ello todo tu esfuerzo”.

De regresó a su pueblo Juan Diego se encontró de nuevo con la Virgen María y le explicó lo ocurrido. La Virgen le pidió que al día siguiente fuera nuevamente a hablar con el obispo y le repitiera el mensaje. Esta vez el obispo, luego de oir a Juan Diego le dijo que debía ir y decirle a la Señora que le diese alguna señal que probara que era la Madre de Dios y que era su voluntad que se le construyera un templo.

De regreso, Juan Diego halló a María y le narró los hechos. La Virgen le mandó que volviese al día siguiente al mismo lugar pues allí le daría la señal. Al día siguiente Juan Diego no pudo volver al cerro pues su tío Juan Bernardino estaba muy enfermo. La madrugada del 12 de diciembre Juan Diego marchó a toda prisa para conseguir un sacerdote a su tío pues se estaba muriendo. Al llegar al lugar por donde debía encontrarse con la Señora prefirió tomar otro camino para evitarla. De pronto María salió a su encuentro y le preguntó a dónde iba.

El indio avergonzado le explicó lo que ocurría. La Virgen dijo a Juan Diego que no se preocupara, que su tío no moriría y que ya estaba sano. Entonces el indio le pidió la señal que debía llevar al obispo. María le dijo que subiera a la cumbre del cerro donde halló rosas de Castilla frescas y poniéndose la tilma, cortó cuantas pudo y se las llevó al obispo.

Una vez ante Monseñor Zumarraga Juan Diego desplegó su manta, cayeron al suelo las rosas y en la tilma estaba pintada con lo que hoy se conoce como la imagen de la Virgen de Guadalupe. Viendo esto, el obispo llevó la imagen santa a la Iglesia Mayor y edificó una ermita en el lugar que había señalado el indio.

Pio X la proclamó como “Patrona de toda la América Latina”, Pio XI de todas las “Américas”, Pio XII la llamó “Emperatriz de las Américas” y Juan XXIII “La Misionera Celeste del Nuevo Mundo” y “la Madre de las Américas”.

La imagen de la Virgen de Guadalupe se venera en México con grandísima devoción, y los milagros obtenidos por los que rezan a la Virgen de Guadalupe son extraordinarios.