La religiosa francesa Maria Rivier será canonizada

La religiosa francesa Maria Rivier será canonizada

diciembre 14, 2021 0 Por Diócesis de Tampico

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Una vida marcada por el sufrimiento y la caridad la de María Rivier, que pronto será santa. De hecho, solo tenía 16 meses cuando se cae de la cama y se lesiona la cadera presentando serios problemas de crecimiento. Era el 1770 y por años la niña no puede ponerse de pie, se ve obligada a arrastrarse de espaldas, ayudándose con las manos. Solo en 1774 logra levantarse, con ayuda de muletas, y solo tres años después se recupera por completo. Sin embargo, la enfermedad le regala una intuición: dedicar el resto de su vida a Dios. Nacida en Montpezat-sous-Bauzon, Francia, el 19 de diciembre de 1768, después de recibir su primera Comunión, Maria Rivier madura el deseo de consagrarse al Señor y pide entrar en la Congregación de las Hermanas de Notre Dame de Pradelles, pero debido a su salud, no es considerada idónea.

De pequeña y frágil a santa

Entonces, la joven decide abrir una escuela, lo hace en 1786, para dedicarse al cuidado de los enfermos y los pobres. Cuando estalla la Revolución Francesa, se traslada a Thueyts donde reune a algunos jóvenes. A pesar de que los revolucionarios cierran las órdenes religiosas, María da vida, el 21 de noviembre de 1796, a una pequeña comunidad. Cinco años después, en 1801, con la aprobación del obispo de Vienne, nacie la Congregación de las Hermanas de la Presentación de María que, en pocos años, abre 46 casas. Rivier muere el 3 de febrero de 1838 en Bourg-Saint-Andéol.  San Juan Pablo II la beatifica el 23 de mayo de 1982 y pronto será canonizada. La pequeña y frágil niña que no podía ponerse de pie se convierte, por tanto, en santa. El milagro reconocido, atribuido a su intercesión, se refiere a la curación de una niña recién nacida que sufre de “hidropesía embriofetal generalizada precoz no inmunológica”, que tuvo lugar en 2015 en Filipinas.

La italiana Maria Carola Cecchin será beata

En cambio, será bendecida la italiana Maria Carola Cecchin, nacida Fiorina, religiosa profesa de la Congregación de las Hermanas de San José Benedetto Cottolengo. Nacida el 3 de abril de 1877 en Cittadella, provincia de Padua, hizo su profesión religiosa el 6 de enero de 1899, tras entrar en la Casita de la Divina Providencia de Turín. En 1905 es enviada a Kenia, junto a cuatro monjas cotolengas y dos misioneros de la Consolata. Catequista incansable en muchos pueblos, desde los bosques hasta las áridas estepas de Kikuyo, desde la sabana hasta los páramos de Meru, Maria Carola siempre está dispuesta a abrir puertas para nuevas misiones. Ve todo tipo de miserias y sufrimientos, sufre grandes esfuerzos, pero todo lo soporta, con infinito amor, animada por el celo misionero. Mientras tanto, es nombrada superiora y destinada a varias comunidades, la última de las cuales es la de Tigania, donde cae gravemente enferma. Se decide que regrese a Italia, pero María Carola muere durante el viaje, el 13 de noviembre de 1925, a la edad de 48 años. Las normas de higiene de esos años exigen que su cuerpo sea entregado a las aguas del Mar Rojo. El milagro reconocido para su próxima beatificación y atribuido a su intercesión se refiere a la recuperación vital de un niño nacido con “prolongada ausencia de actividad cardíaca, respiratoria y neurológica”. El evento ocurrió en Meru, Kenia, en 2013.

El venerable Andrea Garrido Perales, apóstol de los presos

Entre los decretos promulgados hoy por la Congregación para las Causas de los Santos, tras la audiencia del Papa Francisco con el cardenal prefecto, Marcello Semeraro, se encuentran también los relativos a tres sacerdotes y un religioso, que se hacen Venerables con el reconocimiento de virtudes heroicas. En particular, el español Andrea Garrido Perales, sacerdote profeso de la Orden de la Santísima Virgen María de la Misericordia quien será venerable. Nacido el 29 de noviembre de 1663 en Vallada, experto teólogo, dedica su vida a la predicación, administrando el sacramento de la reconciliación y asistiendo a los marginados, huérfanos, pobres, enfermos, presos, gitanos y desamparados. Golpeado por una forma severa de artritis que deforma su cuerpo, muestra una fuerza de alma ejemplar, alimentada por la oración constante. Fiel al carisma mercedario, difunde el Evangelio entre los presos como instrumento de liberación de la prisión de la exclusión social y el desprecio, favoreciendo su reintegración en la sociedad y su camino de fe. Muere en Xátiva el 23 de febrero de 1728, a la edad de 65 años.

El venerable padre Bernardo Sartori, refugiado entre los refugiados

También destaca el testimonio del próximo venerable Bernardo Sartori, sacerdote profeso de los Misioneros Combonianos del Corazón de Jesús. Una vida fuertemente marcada por la misión, la suya: nacido el 20 de mayo de 1897 en Falzé di Trevignano, en la provincia de Treviso, en 1921 entra en la Congregación comboniana. Ordenado sacerdote en 1923, después de algunas actividades misioneras en el sur de Italia, en 1934 es enviado al Nilo Occidental, en el noroeste de Uganda, un entorno predominantemente musulmán. En los años siguientes funda nuevas misiones y escuelas, mientras que en 1962 promueve la consagración de todos los misioneros combonianos de África a la Virgen María. Vive los turbulentos acontecimientos que siguieron a la caída del dictador ugandés Amin y en 1979 sigue a su pueblo hasta Zaire, convirtiéndose en un refugiado entre los refugiados. Después de una corta estancia en Italia, en 1982, a los 85 años, vuelve nuevamente a Zaire, para estar cerca de su gente. Incansable en el trabajo apostólico y ayudando a otros, muere el 3 de abril de 1983, día de Pascua, en Ombaci, Uganda. Su cuerpo se encuentra sin vida en la iglesia, frente al tabernáculo.

La venerable María Margherita, la fuerza de la fe en tiempos de guerra

Es peculiar también la historia de María Margarita del Corazón de Jesús agonizante en el huerto de Getsemaní (nacida Ludovica Banaś), una religiosa profesa de la Congregación de las Hermanas de la Sagrada Familia de Nazaret. Nacida el 10 de abril de 1896 en Klecza Dolna, Polonia, el 15 de febrero de 1917 ingresa en la Congregación y el 31 de julio de 1926 hace su profesión perpetua. En 1937 es trasladada a Nowogródek (actual Bielorrusia), donde trabaja en el hospital. Es grande su compromiso en el apostolado con los pobres, los necesitados, los huérfanos y los presos fue grande. Tras la ocupación de la ciudad por las tropas soviéticas en 1939, las monjas son expulsadas de su convento y alejadas del hospital. Obligadas a llevar vestiduras laicas, deben buscar alojamiento con familias amigas. En 1941, Nowogródek pasa bajo el control de Alemania; dos años más tarde, los alemanes convocan a doce monjas a la comisaría y las fusilan en un bosque adyacente. Firme y sólida en la fe, Maria Margherita logra salvarse y, tras la retirada de los alemanes en 1944, hace exhumar los cuerpos de las once hermanas y les da un entierro adecuado en una iglesia. San Juan Pablo II las beatificará, entonces, en 2000. Después de la guerra, los territorios del este de Polonia se incorporan a la Unión Soviética. Maria Margherita no regresa a su país natal, como muchos otros, sino que permanece en Nowogródek para continuar su misión, como única guardiana de la iglesia y de la tumba de sus hermanas. Y allí muere el 26 de abril de 1966, a los 70 años, tras una larga enfermedad, soportada con paciencia y serenidad.

El venerable Carlo da Abbiategrasso, ejemplo de piedad, humildad y caridad

Incluso la vida del italiano Carlo da Abbiategrasso (nacido Gaetano Antonio Vigevano), sacerdote profeso de la Orden de los Frailes Menores Capuchinos, es ejemplar: nació el 30 de agosto de 1825 en Abbiategrasso, desde muy joven se distinguió por su religiosidad y por el celo con el que enseña el catecismo a sus compañeros. Inmediatamente siente su vocación a la vida consagrada, pero su frágil constitución y la tuberculosis retardan su camino. La profesión solemne en la Orden de los Frailes Capuchinos no llega sino hasta el 30 de marzo de 1855. El 26 de diciembre del mismo año es ordenado sacerdote y se dedica especialmente al ejercicio de la caridad. Durante los años en que el cólera se expandía en Milán, a pesar de tener fiebre, Carlo pide de rodillas que le permitieran ir al hospital para ayudar a los que sufrían. En 1858 fue trasladado al Santuario de la Madonna dei Cappuccini en Casalpusterlengo, donde se distingue por su extraordinaria piedad, humildad y caridad, adquiriendo también fama de taumaturgo. Dada su reputación de santidad, el gobierno austriaco pide su destitución, pero el obispo de Lodi, monseñor Gaetano Benaglio, se niega categóricamente. Enfermo de bronconeumonía y tuberculosis, muere el 21 de febrero de 1859.