LA VOZ DEL PASTOR

12 de Septiembre 2021

“YO HE VENIDO PARA QUE TENGAN VIDA”.  Jn 10, 10

El día 7 de septiembre del presente año quedará marcada como una fecha muy triste y dolorosa en el calendario de nuestro país, porque tuvo lugar la aprobación de una resolución en contra de la vida humana que emitió la Suprema Corte de Justicia y que viene a abrir la puerta a un problema que sin duda traerá como consecuencia la muerte de muchos inocentes.

Con este motivo los obispos de México hemos emitido un comunicado: “A favor de la mujer y de la vida”, que ayuda a comprender los alcances y las consecuencias de un acontecimiento tan amargo como éste. La aprobación del derecho al aborto se trata de un problema muy complejo que requiere de un amplio diálogo y una profunda reflexión, fuera de un clima de polarización ideológica y política, que nos permita encontrar un camino de solución a una problemática que es eminentemente del orden natural y humano, y que no se resuelve con una resolución arbitraria.

Los obispos reconocemos la enorme tarea que nos falta como sociedad para brindar a las mujeres todas las oportunidades y derechos que requieren para una vida digna, pero no creemos que el aborto sea uno de los caminos de solución a este problema, sino buscar programas que les ayuden a encontrar un proyecto de vida digna en toda esta situación. Porque en este caso estamos cuidando los derechos de la mujer, que son muy válidos y que tendremos que trabajar arduamente porque se cumplan, pero estamos pasando por alto los derechos de otra persona, el ya concebido, pero aún no nacido, garantizados en nuestra constitución y en los más importantes tratados internacionales.

Los obispos creemos que existe un planteamiento ambiguo y confuso por parte de la Corte, que, usando los mismos argumentos, tanto para la mujer como para el no nacido, se de la razón a una y se pase por alto a otro en sus derechos más fundamentales. Hoy más que nunca los cristianos tendremos que refrendar nuestro compromiso con la vida y la lucha por el valor de la dignidad humana en todas las personas y en todas sus etapas.

Mons. J. Armando Álvarez Cano

Obispo de Tampico

 

15 de Agosto 2021

EL RETORNO A CLASES: ¡TODO UN RETO!

Es muy notorio en la vida de los pueblos y de las ciudades cuando hay clases en las escuelas, existe un dinamismo en las calles, tiendas de abarrotes, familias que van y vienen, etc., no cabe duda de que los jóvenes y los niños dan un toque especial a la vida de la sociedad. Y esto es quizá lo que extrañamos y por eso que pedimos con insistencia el regreso presencial a las escuelas en este nuevo curso escolar.

Pero no se trata de un tema sencillo o cumplirlo simplemente por un mandato de las autoridades, sino que es importante tomar en cuenta todos los detalles que están detrás de una decisión como ésta. Lo primero que debe estar por encima de todo, es el cuidado de la vida de las personas, y en esto nos referimos a los niños, los maestros y los padres de familia, porque nos damos cuenta de que los menores aún no están vacunados y que esta pandemia está tomando nuevamente fuerza y pone en riesgo a toda la sociedad.

Hay que tener presente que muchas escuelas se han preparado adecuadamente y tienen los recursos para cubrir todos los protocolos para cuidar a sus alumnos, pero también es cierto, que muchas otras escuelas están abandonadas y hasta han sido saqueadas requiriendo un gran trabajo por parte del gobierno, el personal docente y los padres de familia para poner en condiciones los espacios educativos. Ha faltado tristemente todo un programa de conservación y mantenimiento de los centros escolares.

Lo cierto es que no hay una política clara y unas normas convincentes por parte de la autoridad correspondiente para iniciar un curso con seguridad y entusiasmo, todos sabemos el enorme daño que se está causando a los niños y el enorme vacío que está dejando de manera irreparable en momentos tan importantes de su vida. A todos nos urge que la actividad educativa se reanude y que nuestras ciudades se llenen de esta vida juvenil, pero no a cualquier precio y mucho menos a costa de la vida de las personas.

Mons. J. Armando Álvarez Cano

Obispo de Tampico

8 de Agosto 2021

¡LA VIDA ES LO MÀS IMPORTANTE!

 Una de las lecciones más significativas de esta pandemia es experimentar la fragilidad de la vida humana, nos hemos dado cuenta de que los grandes inventos del hombre no han servido de mucho para proteger la vida de las personas, un microscópico virus ha sido capaz de detener la actividad en el mundo entero y darnos cuenta cuan expuestos estamos ante los misterios de la naturaleza cuando no respetamos su entorno.

 Pero también hemos tomado consciencia de cuidar nuestra salud, evitando exponernos al contagio en distintas circunstancias de nuestra vida diaria. En esta última etapa, antes del COVID-19, iba creciendo el número de personas que sentían la necesidad de ejercitarse, alimentarse mejor y buscar mejores condiciones de salud, pero la llegada de la pandemia ha venido a fortalecer aún más este aspecto de tener que cuidarse mejor.

 En esta semana han salido los datos del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), que señala que el número de pobres en México ha subido a cerca de 56 millones y cerca de 11 millones de personas en pobreza extrema, cifras muy duras pensando que no son sólo números, sino vidas e historias de personas concretas sin hogar, lo necesario para alimentarse, vivir, estudiar, trabajar y tener una vida digna.  Esto nos tiene que llevar a pensar en el país que estamos construyendo y a exigir a todas las autoridades mejores políticas que nos conduzcan a construir un país más justo, porque no se trata de dar solo ayudas, que son muy importantes para muchas familias, sino de buscar el desarrollo de nuestro país ofreciendo a todos la posibilidad de realizarse como personas.

Uno de los signos de nuestro tiempo ha sido la destrucción de la vida, no sólo de la naturaleza, sino tambien en muchos aspectos de la vida humana, y como cristianos tendremos que recordar las palabras de Jesucristo y su misión entre nosotros, “Yo he venido para que ustedes tengan vida, y la tengan en abundancia” (Jn 10, 10b), tarea que se nos ha confiado también a nosotros y que comprende no sólo el cuidado personal, sino también la de los demás.

Mons. J. Armando Álvarez Cano

Obispo de Tampico

1 de Agosto 2021

¡DESCUBRIR LAS COSAS BUENAS DE LA VIDA!

Una persona señalaba que a ella no le gustan ver los noticieros porque termina totalmente deprimida de todas las cosas que ve y que escucha, y es que muchos de estos informativos se van únicamente con lo escandaloso, con cierto amarillismo, que terminan pintando totalmente una realidad caótica y obscura. Ciertamente no estamos en el mejor de los mundos y nos faltan situaciones humanas muy dolorosas por trabajar como sociedad, pero existen muchas cosas buenas en el día a día de nuestra vida que Dios nos da y que debemos tener la capacidad de descubrir.

La vida esta llena de detalles, pequeñas cosas que tejen el caminar de nuestros días y que hacen nuestra vida feliz. Pensemos en las personas que comparten los momentos de tranquilidad en el hogar, en el encuentro de algún amigo, el trabajo, la llamada inesperada de un ser querido, la lluvia o el calor de cada día, etc., son muchas cosas buenas con las que somos bendecidos y que nos muestran el amor de Dios.

Tenemos la seguridad que son mucho más las cosas buenas que pasan en el mundo que las malas, tantos gestos de bondad y amor que no salen en los periódicos, porque no son noticia ni son cosas extraordinarias; tantas personas que se desgastan en el servicio a sus hijos, o en los hospitales o asilos, y nunca saldrán en algún noticiero porque eso no es relevante para el mundo.

Disfrutar la vida sencilla y aprender a gozar de las pequeñas cosas de cada día es un camino de madurez humana, cuando nos damos cuenta de que las cosas espectaculares y pretensiosas son llamaradas que terminan quemando nuestro corazón. La clave de todo esto no está en llevar una vida sencilla solamente, sino en ser sencillos de pensamiento y saber qué es lo importante, qué es lo que de verdad hace feliz a mi corazón. Corresponde a cada uno quitar de nuestro camino todo aquello tóxico, tanto personas como cosas, que nos impiden disfrutar de una vida sana y feliz que Dios quiere para sus hijos.

Mons. J. Armando Álvarez Cano

Obispo de Tampico

 

25 de Julio 2021

LA MENTIRA COMO FORMA DE GOBIERNO

Hoy como ninguna época de la humanidad las personas recibimos información de todas partes del mundo y de todas las cosas que queramos saber, basta dominar un poco nuestros dispositivos para preguntar cualquier cosa que nos interese y encontrar abundantemente respuestas a nuestras inquietudes. Pero esto no significa que estemos adecuadamente informados, porque así como corren a través de las redes millones de informaciones, así también a la par, corren innumerables mentiras que nunca nos preocupamos de confirmar y que ha dado como resultado desde hace muchos años una verdadera crisis de verdad.

Pero está crisis de verdad se ha instalado de manera permanente y preocupante como forma de gobierno en muchos políticos del mundo, donde existe una especie de complicidad entre los ciudadanos y los gobernantes, unos saben que les están mintiendo y simplemente asienten; otros mienten sin descaro ni remordimiento alguno sabiendo que no hay ninguna consecuencia de sus mentiras; otros más, se consideran dueños de la “verdad” y la venden como tal, aunque esta esté conformada por puras mentiras.

Durante la administración del presidente Trump se lograron contabilizar por miles las mentiras de su gobierno, pero lo mismo sucede en otros países y también en nuestra nación, dónde se miente con mucha facilidad y descaradamente sobre situaciones fundamentales y delicadas de nuestra vida. Esta realidad es dolorosa y preocupante porque una nación, como la vida de cualquier persona, no puede caminar sobre un terreno falso como la mentira, porque tarde o temprano terminará por caerse.

Abraham Lincoln señaló: “Se puede engañar a todo el mundo algún tiempo… se puede engañar a algunos todo el tiempo… pero no se puede engañar a todo el mundo todo el tiempo”. Todos debemos comprometernos con la verdad, no sólo de hacerla propia en la vida diaria, sino de buscarla, divulgarla y exigirla, especialmente a quién tiene una responsabilidad pública.

Mons. J. Armando Álvarez Cano 

Obispo de Tampico

18 de Julio 2021

¡REGRESA LA OLA!

Todo apunta a que muy pronto tendremos un nuevo pico en el contagio de la pandemia en nuestro país, tristemente, las estadísticas señalan que es ya inminente su llegada, el número de contagios diarios, los hospitales empiezan a llenarse de enfermos, y no existe de nuestra parte un sentido de responsabilidad y cuidado para impedir que nuevamente regrese el dolor y la muerte a nuestros hogares.

Es verdad que ya hemos aprendido las cosas básicas para cuidarnos y también estamos confiados en que un importante número de personas han sido vacunadas, pero estamos viendo que esto no es suficiente, porque se están enfermando los jóvenes, donde muchos de ellos no terminan de medir el peligro y, también, se han visto casos de personas que aún vacunadas se vuelve a contagiar.

La experiencia que hemos vivido ha sido demasiado dura, tanto los que nos hemos enfermado como a los que han perdido a sus seres queridos, por lo que es importante insistir que esto no ha terminado, siguen apareciendo distintas variantes del COVID-19 todavía más contagiosas y agresivas que nos deben poner en alerta y no estar pensando que esta pesadilla ya pasó.

Además de los cuidados personales, como cristianos estamos llamados a unirnos en oración y pedir a Dios que nos libre de este azote que ha dañado tanto a la humanidad, ciertamente, esta experiencia difícil que estamos viviendo nos ha hecho reflexionar mucho, viendo las equivocaciones en nuestro camino como familia humana y los descuidos que se han tenido en la atención de aspectos fundamentales de la vida diaria, especialmente a los más pobres. A raíz de esta pandemia mucho tendremos que corregir como sociedad, como familia y como personas, estamos conscientes que esta pandemia permanecerá el tiempo suficiente que nos haga realmente recapacitar y corregir nuestros desaciertos.

Mons. J. Armando Álvarez Cano

Obispo de Tampico

11 de Julio 2021

DOS AÑOS: ¡Y HABIDO DE TODO!

En estos días estoy celebrando y agradeciendo a Dios dos años de mi llegada a la Diócesis de Tampico, una etapa que ha tenido de todo, especialmente por la intensa experiencia humana y de fe que nos ha hecho vivir el coronavirus y que nos ha llevado a renovarnos y a ver la vida de una manera diferente.

Mi llegada se dio en medio de una gran alegría y un profundo deseo de un nuevo pastor para esta diócesis, anteriormente, la gente se había preparado en una intensa oración pidiendo la llegada de un nuevo obispo, después, se desbordaron en profundas muestras de cariño por mi presencia. Durante estos dos años me he encontrado con una Iglesia Diocesana en camino, con un plan de pastoral que guía nuestras actividades y que después de esta pandemia tendremos que renovar; un grupo excepcional de laicos que trabajan en grupos y movimientos apostólicos; sacerdotes que se esfuerzan cada día por anunciar y vivir el evangelio, y una porción del pueblo de Dios que camina en esta iglesia diocesana que nos da testimonio de fe y confianza en Dios.

En lo personal este período ha sido también de dolorosas pérdidas humanas, no sólo la muerte de muchas personas de nuestras comunidades y los nueve sacerdotes de nuestro presbiterio, sino también el fallecimiento de personas entrañables de mi familia. Esto me ha fortalecido en la fe y me hace mirar aún con mayor confianza lo que puede venir, recordando las hermosas palabras del salmista: “Aunque pase por cañadas obscuras nada temo, porque Tú Señor estas conmigo, tu vara y tu cañada me dan seguridad” (Sal 23, 4).

El agradecimiento me hace volver la mirada hacia atrás y dar gracias por estos dos años de trabajo y conocimiento de esta Diócesis de Tampico, pero la esperanza y la confianza en Dios me hace mirar hacia adelante, llevando a cabo la misión que el Señor me ha confiado con nuevos proyectos que nos ayuden a fortalecer la fe y la vida cristiana en nuestras comunidades.

Mons. J. Armando Álvarez Cano

Obispo de Tampico

4 de Julio 2021

¡NO AL ABORTO, SÍ A LA VIDA!

El libro del Génesis en la narración de Caín y Abel nos cuenta como desde el inicio de la historia de la salvación, después de que entró el pecado en el corazón del hombre, tomamos en nuestras manos algo realmente maravilloso que sólo corresponde a Dios: la vida de los demás. Desde entonces, en medio de guerras, desavenencias, venganzas y muchos otros sentimientos oscuros que se esconden en el corazón humano, dan motivo para matar y exterminar a otras personas.

La vida es el regalo más grande y extraordinario que Dios concede al ser humano y, sólo a Él, le corresponde señalar su termino. La palabra de Dios desde el Antiguo Testamento a través de muchos pasajes ha insistido sobre el valor y el respeto por la vida de los demás, quedando inscrito para siempre en el quinto de los mandamientos: ¡No matarás! Pero Jesús con una especial sensibilidad por la vida y el amor por el otro, va mucho más allá de este mandato señalando: “Pero yo les digo: Si uno se enoja con su hermano, es cosa que merece juicio. El que ha insultado a su hermano, merece ser llevado ante el Tribunal Supremo; si lo ha tratado de renegado de la fe, merece ser arrojado al fuego del infierno.” (Mt 5,22).

Dentro de las enseñanzas fundamentales y más claras del cristiano debe de estar el respeto por la vida, tomando especial relevancia el aborto por tratarse de un ser inocente e indefenso, sabiendo que el origen y el fin de la vida solo corresponde a Dios que es el dueño y Señor de ella. En la actualidad la sociedad está tomando una especial sensibilidad por la vida en el planeta, encontramos historias maravillosas y grupos diversos que defienden la vida y conservación de especies animales, pero lo que más me llama la atención, es que si no podemos participar en estos grupos, todos estamos de acuerdo en su labor, pero lo más extraño es cuando se trata del aborto, de defender la vida de un ser humano, existe una gran divergencia en la sociedad y una importante oposición a reconocer el valor y el derecho a la vida de una persona.

El tema del aborto es un tema amplio y complejo, difícil de resumir en pocas palabras, pero quiero señalar con  especial relevancia las duras palabras del Papa Francisco al referisrse a este tema señalando: que la prohibición del aborto es una cuestión humana, no religiosa, y reafirmó que era equivalente a recurrir a un sicario.”¿Es justo eliminar una vida humana para resolver un problema? ¿Es justo contratar a un sicario para resolver un problema?”, declaró el papa. No entren en lo religioso cuando es una cuestión humana”.

Mons. J. Armando Álvarez Cano

Obispo de Tampico

27 de Junio 2021

¡POR UNA CULTURA DE LA PAZ!

Desgraciadamente desde hace ya muchos años los asesinatos y la violencia en nuestro país no para de crecer, presidentes entran y presidentes salen con la promesa de que terminarán con ese flagelo y al contrario, cada día crece más, nos hacen sospechar que varios de nuestros gobernantes tienen intereses muy fuertes de que la violencia no termine. Al parecer, tristemente, ya no nos sorprende nada porque la realidad ha superado en mucho a la imaginación, con el número de muertos cada día y con la forma como lo hacen, hemos ido perdiendo el sentido del dolor ajeno y el valor de la persona humana.

No es fácil comprender el fenómeno de la violencia en nuestro país, porque son muchos los ingredientes que se han puesto en nuestra sociedad para llegar hasta este punto en el que nos encontramos. La gran desigualdad que existe, la falta de trabajo estable y dignamente remunerado, una deficiente educación, malas políticas que se han implementado desde balazos hasta abrazos, la corrupción en casi todas las instancias de gobierno, un alto índice de impunidad, etc., todo esto provoca un caldo de cultivo excepcional para que crezca y se instale la violencia tal y como se está dando en nuestro país.

Esta situación nos tiene que llevar a pensar, ¿nos resignamos y bajamos las manos? o de lo contrario, ¿qué podemos hacer? Es muy claro que una sola persona no va a poder terminar con la violencia, porque esta no se acaba con un decreto presidencial o “acusándolos con su mamá”, sino que es necesario realizar un proyecto a largo plazo que vaya poco a poco terminando con las causas que la provocan y dónde nos podamos involucrar como sociedad, esta experiencia de resultados se ha tenido aquí en la región de Tampico.

Recientemente nuestro estado ha sido noticia por la masacre de 15 personas en la Ciudad de Reynosa y nos apena el descaro de la delincuencia aduciendo que el objetivo era simplemente provocar a cárteles contrarios. Pero tal parece también, que la muerte de tantas personas a muchas autoridades todo esto lo tiene sin cuidado, ellos andan en otros temas que a su parecer son más importantes. Se trata de la vida de las personas, de sus familias, de nuestra sociedad que se desangra poco a poco a través de la muerte de sus jóvenes.

Todos estamos convocados a construir una cultura por la paz, sabiendo que la solución no está a la vuelta de la esquina y que requerirá el esfuerzo de todos los ciudadanos. Son muchos los aspectos que construyen la paz, pero, habrá que seguir muy de cerca la familia y una sólida educación para las nuevas generaciones.

Mons. J. Armando Álvarez Cano

Obispo de Tampico

20 de Junio 2021

¡UNA PEQUEÑA LUZ EN LA OBSCURIDAD!

Es motivo de alegría y tranquilidad el empezar a ver la reanudación de las actividades en la vida social de nuestras ciudades descubriendo que poco a poco las familias y las personas van dejando atrás el miedo y la desconfianza para reunirse nuevamente a convivir. Las escuelas son un termómetro importante para determinar el ritmo de la vida social y económica y ya algunas de ellas han empezado a reabrir sus puertas para concluir el año escolar de manera presencial, aunque, la mayoría ha preferido por seguridad esperar el nuevo curso y prepararse adecuadamente para recibir a los alumnos.

Estos pequeños pasos que se están dando no tiene que llevarnos echar las campanas al vuelo y descuidar todas las medidas de salud que hemos aprendido para protegernos y no tener que lamentar posteriormente otro rebrote. La experiencia de otros estados de la república, así como de otros países, nos indica que el peligro está latente y que en cualquier momento la enfermedad puede nuevamente resurgir.

Muchas personas siguen volteando al pasado y añorando los momentos que se tenían antes de la pandemia, es momento de darle vuelta a la página tratando de adecuarnos a esta nueva realidad y darnos cuenta de que las cosas cambiaron ya, ahora nos toca asumir con responsabilidad y madurez esta nueva forma de vida.

Como pastor y obispo de esta Diócesis de Tampico, me alegra mucho ver que también nuestros templos ya empiezan a normalizar sus celebraciones y los grupos apostólicos nuevamente ya están convocando a sus miembros para reiniciar sus actividades. Sin duda nos llevará tiempo para echar a andar los proyectos y retomar nuevamente los planes que se tenían, pero es momento ya de ir dejando atrás esta experiencia dolorosa y aprovechar todas las enseñanzas que nos ha dejado esta pandemia.

Aunque hemos aprendido a utilizar las redes sociales y han sido de una gran ayuda para la comunicación con la familia y los amigos, así como para la trasmisión de las celebraciones litúrgicas y muchos eventos más, esto no suple nunca el contacto personal y el encuentro con nuestros seres queridos que debemos procurar guardando siempre las medidas de sanidad. Damos gracias a Dios porque esa pequeña luz en el túnel que empieza a darnos esperanza, no la apaguemos con nuestro descuido y apatía.

MONS. JOSÉ ARMANDO ÁLVAREZ CANO

OBISPO DE TAMPICO

13 de Junio 2021

¡LO QUE NOS DEJAN LAS ELECCIONES!

Después de una etapa de campañas muy violentas en algunas partes de nuestro país, inclusive manchadas de sangre en muchos casos, tuvimos una jornada electoral en paz, salvo algunos hechos aislados, todo transcurrió tranquilamente y los ciudadanos pudimos votar sin sobresaltos por los candidatos de nuestra preferencia. Solamente quedan por resolver algunas impugnaciones en algunos distritos y podremos conocer a las personas que tendrán la responsabilidad de gobernarnos en el próximo período.

 

Es motivo de alegría el interés de un importante número de personas que se dieron el tiempo para emitir su voto en medio de condiciones climáticas difíciles y, sin duda, de diversas ocupaciones que tuvieron que dejar para participar en este proceso electoral. Aunque los especialistas señalan que fue un número muy importante de personas el que votó en comparación con otros procesos similares, sin embargo, se habla de un poco más de la mitad de las personas con credencial para votar y este número está muy lejos de saber que se tiene una consciencia cívica en nuestra sociedad.

 

Nuestro país bien vale la pena un poco de tiempo para involucrarnos en los asuntos públicos y no dejar que un reducido número de personas determinen el destino de nuestra patria. Es verdad, todos tenemos muchas cosas que hacer y la política no pasa por su mejor momento para entusiasmarnos a participar, pero siempre es necesario tener presente que todos somos responsables del caminar de nuestro país, ya sea participando o dejándolo de hacer.

 

El proceso electoral nos ha dejado la certeza de un país plural, no de caudillos o personas que abusen del poder que se les ha confiado, sino de instituciones y autoridades que realmente sirvan a la comunidad y vean por el bien de la sociedad. Este ejercicio democrático ha venido a reconfigurar un nuevo panorama nacional con nuevas expectativas y exigencias para los que han sido elegidos, haciéndoles saber que el voto es el castigo o la confianza que los ciudadanos tienen para aprobar o desaprobar las gestiones de su gobierno.

 

Después de las elecciones a todos nos corresponde trabajar por la unidad de nuestra sociedad, saber que aquí no hay ganadores o perdedores, sino ciudadanos que trabajan por un mejor país. A los gobernantes elegidos les concierne trabajar para todos, sin rencores ni predilecciones partidistas, y cumplir a cabalidad las promesas realizadas durante la campaña buscando la cercanía de la gente como lo hicieron cuando pedían su voto.

MONS. J. ARMANDO ÁLVAREZ CANO

OBISPO DE TAMPICO

6 de Junio 2021

POR UNA SOCIEDAD JUSTA, UNIDA Y GENEROSA: ¡A VOTAR ESTE DOMINGO!

No hay día que no llegue y fecha que no se cumpla, este domingo todos los ciudadanos de este país tenemos una cita con la democracia y la oportunidad de construir juntos la sociedad que todos queremos y anhelamos. Dejemos de lado prejuicios respecto a la política, desaliento, flojera, venganzas e ideas que se han ido anidando en nuestro interior que impiden participar y dejar en manos de otros el destino de nuestro país.

 

Es necesario tener presente en este día la gravedad del momento que estamos viviendo, nos encontramos en una situación histórica realmente difícil para nuestro país, todos tenemos la impresión, y también así lo demuestran los números en varios aspectos de nuestra vida social, de que desde hace algunos años hemos retrocedido en violencia, muertes, corrupción, desigualdad, servicios públicos como la educación, la salud, trabajo, etc., y todo esto no es obra de la casualidad ni de ningún castigo divino, sino de malos gobiernos y el desinterés de todos como ciudadanos en los aspectos públicos de nuestra sociedad.

 

Es muy importante pensar y razonar nuestro voto, no dejarnos llevar sólo por la imagen o por discursos que pueden escucharse muy bonitos, sino por aquellos candidatos que realmente representen mis intereses y valores como persona, que avalen su trayectoria política con la congruencia de una vida honesta, recta, de trabajo y servicio a la comunidad. Tomar en cuenta que nuestro país no se construye de la noche a la mañana y que no sólo es pensar eneste momento y en los beneficios personales que yo pueda tener, sino en lo que queremos para los hijos y las futuras generaciones.

 

La participación con nuestro voto es un derecho que tenemos como ciudadanos, pero también una responsabilidad muy delicada que debemos ejercer y realizar, porque muchas  veces nos hemos lamentado de la situación que vivimos y los malos gobiernos, pero no nos damos cuenta que nosotros les damos ese poder, ya sea con nuestro voto o con nuestra abstención dejando de hacerlo, y muchos de ellos se aprovechan de esta circunstancia ofreciendo durante su campaña cosas irrealizables y ridículas, sabiendo que nadie le pedirá cuentas de sus promesas.

 

Este domingo 6 de junio tiene que ser una fiesta democrática de participación ciudadana y de madurez social, una vez pasado este proceso electoral tendremos que asumir los resultados con responsabilidad, porque aquí no hay ganadores y perdedores, sino ciudadanos conscientes de que se trata de un ejercicio democrático para construir juntos la nación que anhelamos.

 

MONS. JOSÉ ARMANDO ÁLVAREZ CANO

OBISPO DE TAMPICO

 

23 de Mayo 2021

¡LA PRIMACÍA DEL BIEN COMÚN!

Nos encontramos en una sociedad que educa para el individualismo y no para pensar y actuar en favor de la comunidad, si se trata de nosotros, queremos ser los primeros, si es de mi familia o mi partido político,defendemos a muerte únicamente nuestros derechos, quizá lo malo de todo esto es que no nos importan los medios que utilizamos, ni tampoco las demás personas, queremos que a toda costa prevalezcan mis intereses. Estas actitudes cotidianas dan como resultado la sociedad que tenemos, llena de graves desigualdades sociales, deficientes servicios públicos, profundas divisiones políticas, etc., ocasionadas por la ambición, la insensibilidad, la corrupción y todas aquellas actitudes que nos hacen menospreciar a los demás.

 

En la vida social hay responsabilidades que nos obligan a todos, así como instituciones  que son de todos y que a todos nos toca cuidar y conservar, que no son propiedad de ninguno hombre o mujer en particular, ni de ningún partido o sindicato, pensemos por ejemplo en los servicios de salud o en los recursos que se recaudan con ocasión de los impuestos, o en los ríos o lo mares, en la paz y el respeto por las leyes, son compromisos que corresponden a todas las personas de un país y que deben servir para el desarrollo y bienestar de todos sus miembros, pero cuando la sociedad se desentiende de estos asuntos públicos y los deja al arbitrio de personas sin escrúpulos, termina por torcerse completamente su finalidad.

 

Todos tenemos que educarnos en la primacía del bien común, saber que todos tenemos derechos personales inalienables y sagrados que se han de respetar, pero que también tenemos una grave responsabilidad frente a los demás y que estamos obligados a fortalecer instituciones que favorezcan el desarrollo integral de todos sus habitantes, normas y leyes justas que ayuden a una sana convivencia entre las personas, así como bienes comunes como el agua, los mares, la fauna y todo aquello que es parte del universo yforma esta casa común que es el universo.

 

Nos encontramos en un proceso electoral muy complejo que tiene a muchas personas confundidas y temerosas, y que es considerado el más grande de la historia moderna, esto nos hace pensar en la importancia que tiene nuestra participación y en la grave necesidad de ver por el bien común, sin dejarnos presionar o chantajear por apoyos recibidos o amenazas que suelen ser muy comunes en estos tiempos electorales. Tenemos que pensar no sólo en nosotros, sino en los niños y jóvenes, imaginando que clase de sociedad queremos heredarles, sabiendo que una sociedad justa, solidaria y en paz, no se construye de la noche a la mañana y que exige de parte de todos generosidad y sacrificio, comprendiendo que esta no es tarea sólo de las autoridades, sino de toda la sociedad.

 

Mons. J. Armando Álvarez Cano

Obispo de Tampico    

 

16 de Mayo 2021

LA CORRUPCIÓN DE LA CONCIENCIA

La palabra corrupción es quizá uno de los vocablos más escuchados en los noticieros y muy frecuente en el lenguaje común, no sólo porque es el pan de cada día de la vida política de nuestro país, sino también porque la mayoría de nosotros de alguna manera hemos caído en esta trampa. Podemos entender que la corrupción es torcer la ley para que me favorezca en perjuicio de otras personas, ya sea por abuso de poder, comodidad o con la finalidad de beneficiarme, sin importar el daño que pueda ocasionar a otros. “La corrupción degrada la dignidad de la persona y destruye los ideales buenos y hermosos. La sociedad está llamada a comprometerse concretamente para combatir el cáncer de la corrupción que, con la ilusión de ganancias rápidas y fáciles, en realidad empobrece a todos”, escribe el Papa Francisco.

 

Sin duda la corrupción es una gran tentación cuando se trata de lo material, pero hablar de esta descomposición moral y ética que llega a lo más profundo y sagrado que tiene el ser humano que es la conciencia, estamos hablando de otro nivel de daño, porque ahí se encuentran los valores más grandes de una persona y, como cristianos, ahí se encuentra la voz de Dios, por eso es tan grave hablar de la corrupción de la conciencia porque estamos llendo contra nosotros mismos, nos estamos engañando a sí mismos y estamos traicionando lo más sagrado que hay en nosotros.

 

Estamos dentro de un proceso electoral, en el que muchos candidatos ofrecen de todo y se promete de todo con tal de ganar una elección, sin importar los medios y la manera como se haga, pero lo más triste es la manipulación y el engaño que se realiza a las personas, dando pequeñas dádivas y corrompiendo conciencias, presionando de muchas formas para que la gente que, dejándose llevar por la necesidad, terminan cayendo en la trampa. Es muy triste que se termine eligiendo a la persona que habla mejor o tiene una mejor apariencia, a la que ha dado más incentivos en su campaña o ha hecho las más espectaculares promesas, no siempre tomamos en cuenta sus antecedentes, su honestidad, sus valores y principios con los que ha regido su vida, esta es una de las razones por las que hemos tenido tantos fracasos en el ejercicio de la autoridad en nuestro país.

 

Como cristianos estamos llamados a analizar con mucha seriedad nuestra participación política y preguntarnos si la corrupción ha llegado a nuestra conciencia, no podemos seguir dejando que nuestro país se esté cayendo en pedazos por la violencia, la pobreza, la desigualdad, la corrupción, la división social y muchos otros males que se nos presentan como verdaderos desafíos en los próximos años. Tenemos que decidir con conocimiento, libertad y responsabilidad en estas próximas elecciones.

Mons. J. Armando Álvarez Cano

Obispo de Tampico

 

11 de Abril 2021

¡CELEBRANDO LA VIDA!

Una de las lecciones más importantes que nos está dejando esta pandemia es aprender a cuidar la vida, desde que nos dimos cuenta de que esta enfermedad era real y que podía terminar con nosotros, nos dimos a la tarea de empezar a tomar precauciones con el cubrebocas, la sana distancia, el aislamiento y muchas medidas de higiene para evitar el contagio, a tal grado que hemos llegado, en muchos casos, a una especie de psicosis por cuidar nuestra vida y la de nuestros seres queridos.

 

Poco a poco nos hemos dado cuenta cuán frágiles somos y la pequeña línea que separa la vida de la muerte, aún en personas jóvenes que pensaban que el peligro era tan solo para la gente mayor se han dado cuenta de la fragilidad de la existencia. El valor de la vida ha tomado otra dimensión en estos tiempos del COVID-19, aún cuando seguimos con una interminable cuenta de muertes en otros campos de la sociedad, especialmente de jóvenes caídos por la dolorosa situación de la violencia que no cesa en nuestro país y que tristemente han pasado a un segundo plano dentro de las prioridades nacionales, las personas tienen hoy un aprecio especial por su vida y la de sus seres queridos.

 

Dentro de este mar de historias humanas que hemos podido conocer en este año de pandemia, ha quedado de manifiesto claramente todo lo que se puede hacer de manera heroica por conservar la vida de las personas que amamos, desde hacer largas filas por muchas horas para conseguir un tanque de oxígeno para un enfermo; el permanecer día y noche fuera de un hospital para tener alguna noticia de algún familiar enfermo; endeudarse y hasta empeñar bienes para hospitalizar a un ser querido y tratar de conservarle la vida, y tantas historias más que hemos conocido.

 

La solemnidad de la Pascua cristiana que estamos celebrando tiene como centro y corazón: la VIDA. Aquí se centra la fiesta más importante de la fe cristiana que nos ayuda a comprender en una dimensión más profunda el sentido de este gran don que Dios nos ha dado. Cristo vencedor de la muerte viene a quitar de nuestro corazón el temor de morir y de sufrir, “Yo he vencido a la muerte, no tengan miedo”, porque en el Resucitado adquiere sentido todo dolor, injusticia, traición y muerte. Cristo vencedor de la muerte sale a nuestro encuentro en estas fiestas de Pascua para fortalecer nuestra esperanza.

 

Mons. J. Armando Álvarez Cano

Obispo de Tampico

5 de Abril 2021

¡CRISTO RESUCITÓ, ALELUYA!

La noticia de la resurrección de Jesucristo Hijo de Dios no aparecerá en los diarios más importantes, tampoco estará presente a ocho columnas en algún periódico, si acaso escondido en alguna cintilla de algún pequeño folleto quedará la reseña de este acontecimiento. Y es que en realidad tampoco fue noticia cuando esto sucedió históricamente, un hombre aparentemente insignificante con una doctrina nueva y que se hacía llamar Hijo de Dios fue ajusticiado por rencillas políticas y religiosas de su tiempo.

 

Para los creyentes del profeta de Nazaret fue una manera muy extraña de proceder por parte de Dios para salvar a la humanidad, el abajamiento total hasta una muerte de cruz entre malhechores bajo las burlas de sus enemigos. Nosotros hubiéramos querido que fuera de otra manera, que Dios manifestara su poder contra sus enemigos y rompiera la soberbia de lo que se creen dueños de las vidas y del destino de los pobres; que su poder quedara de manifiesto para que no hubiera duda de que existe un Dios poderoso y omnipotente. Pero Dios ha querido en su infinita sabiduría y misericordia escoger otro camino para acercarse a nosotros y salvarnos.

 

Hoy celebramos con gozo la resurrección del Señor, su triunfo sobre la muerte y la soberbia del enemigo, que nos enseña que el camino de la humildad, el servicio a los hermanos y una total fidelidad al Padre nos ha de conducir a una vida plena en Dios. En esta celebración de Pascua celebramos los cristianos la fiesta más importante de nuestra fe, en la cuál adquiere sentido y valor toda nuestra vida cristiana, el apóstol Pablo nos dirá: “Si Cristo no resucitó, vana es nuestra predicación y vana es también nuestra fe”.(1Cor 15, 14)

 

En la resurrección de Cristo, adquieren sentido toda injusticia, traición, dolor y muerte, que nos lleva a ver desde otra mirada, la mirada de Dios, los acontecimientos del mundo, de nuestra vida familiar y personal, es desde aquí donde comprendemos que las cosas de la vida son pasajeras y que tienen ese misterio escondido en la vida de Jesús muerto y resucitado.

 

En esta maravillosa fiesta de Pascua todo es gozo y alegría para el creyente que, aunque seguimos viviendo en la precariedad de esta vida y sufriendo las situaciones difíciles de nuestra condición humana, disfrutamos ya desde ahora del triunfo de Cristo, pregustando el gozo de una vida nueva en Jesús. ¡Felices fiestas de Pascua para todos! Que la celebración de estos misterios que nos dieron vida renueve cada día más nuestra fe y nuestra esperanza.

Mons. J. Armando Álvarez Cano

Obispo de Tampico

1 de Abril 2021

EL ESPÍRITU DEL SEÑOR ESTÁ SOBRE MÍ PORQUE ME HA UNGIDO PARA LLEVAR LA BUENA NUEVA A LOS POBRES (Lc 4,18)


Queridos hermanos
, saludo con gran afecto a todo el Pueblo de Dios, pero en este día de manera especial saludo con cariño a los sacerdotes de nuestra diócesis, dónde recordamos con profundoagradecimiento el momento aquel del nacimiento de nuestro ministerio sacerdotal.  Hoy como cada año nos reunimos en esta celebración tan especial y significativa para nosotros, dónde el Señor Jesús nos reúne nuevamente en torno suyo, como lo hizo tantas veces con sus apóstoles, para hablar a nuestro corazón de amigo y pastor, y se dirige a nosotros con palabras de aliento, fortaleza, confianza, ternura, y hacernos experimentar nuevamente la gracia renovadora de nuestro llamado.


El llamado a compartir el sacerdocio de Jesucristo es una vocación de una total confianza hacia cada uno de nosotros, esta es la palabra clave de nuestro ministerio, CONFIANZA, Jesús Buen Pastor confía plenamente en cada uno de nosotros y pone en nuestra manos los tesoros más grandes de la salvación humana,  riqueza que llevamos en vasijas de barro, reconociendo nuestras débiles fuerzas y la tibieza de nuestra respuesta, donde nunca terminaremos de comprender el secreto escondido de nuestro llamado a formar parte de su misión. Podríamos decirlo de esta manera sencilla y profunda, el sacerdote es un hombre de las confianzas de Dios.

Tomo algunos pensamientos del Papa Benedicto que señala, El Señor nos impuso sus manos. El significado de ese gesto Jesús lo explicó con las palabras: “Ya no los llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a ustedes los llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre se los he dado a conocer” (Jn 15, 15). Ya no los llamo siervos, sino amigos: en estas palabras se podría ver incluso la institución del sacerdocio. El Señor nos hace sus amigos: nos encomienda todo; nos encomienda a sí mismo, de forma que podamos hablar con su “yo”, “ Este es mi cuerpo que se entrega por ustedes... ¡Qué confianza verdaderamente ha puesto el Señor en nuestras manos!

En esa total confianza Jesús ha puesto en nuestro manos la alegre noticia de su Palabra que ha de ser proclamada con alegría, valentía y humildad para dejarnos transformar y que transforme los corazones de sus hermanos. Nos ha confiado el cuidado y la guía de su Pueblo Santo, para que através de los sacramentos y, de manera muy especial de la Eucriatía, alimentemos y santifiquemos cada día a las comunidades cristianas que buscan y construyen su Reino. Esta confianza se hace total en nuestro ministerio cuando el Señor Jesús en nuestra consagración sacerdotal nos concede RE-PRESENTARLO, hacerlo presente,  no sólo en los signos sacramentales, sino en nuestra persona misma, ¿cuántos signos recibimos con frecuencia en este sentido del Pueblo de Dios?

“En el gesto sacramental de la imposición de las manos por parte del obispo fue el mismo Señor quien nos impuso las manos. Este signo sacramental resume todo un itinerario existencial. En cierta ocasión, como sucedió a los primeros discípulos, todos nosotros nos encontramos con el Señor y escuchamos su invitación: “Sígueme”. Tal vez al inicio lo seguimos con vacilaciones, mirando hacia atrás y preguntándonos si ese era realmente nuestro camino. Y tal vez en algún punto del recorrido vivimos la misma experiencia de Pedro después de la pesca milagrosa, es decir, nos hemos sentido sobrecogidos ante su grandeza, ante la grandeza de la tarea y ante la insuficiencia de nuestra pobre persona, hasta el punto de querer dar marcha atrás: “Aléjate de mí, Señor, que soy un hombre pecador” (Lc 5, 8).

Pero luego él, con gran bondad, nos tomó de la mano, nos atrajo hacia sí y nos dijo: “No temas. Yo estoy contigo. No te abandono. Y tú no me abandones a mí”. Tal vez en más de una ocasión a cada uno de nosotros nos ha acontecido lo mismo que a Pedro cuando, caminando sobre las aguas al encuentro del Señor, repentinamente sintió que el agua no lo sostenía y que estaba a punto de hundirse. Y, como Pedro, gritamos: “Señor, ¡sálvame!” (Mt 14, 30).

La amistad con Jesús nos lleva necesariamente a una amistad con los suyos, no se trata de cultivar con Él una amistad intimista y egocéntrica que nos aisle construyendo castillos personales o parroquiales, sino una amistad que se abra de par en par a una rica vida eclesial que se manifieste en una experiencia profunda de comunión. Jesús ha querido formar una comunidad de discípulos que tengan como centro de su vida la construcción del Reino de Dios, una comunidad de hermanos, no de fans o admiradores, sinohijos de un mismo Padre que buscan la unidad en torno a la persona del Maestro y que saben reconocer los dones que otro hermano tiene para construir la Iglesia.

La vocación sacerdotal nunca podrá entenderse fuera de la Iglesia, porque el presbítero está estrechamente inserto en y al servicio del Pueblo de Dios, y no ha de olvidarse de la unión esencial con todos sus hermanos sacerdotes y con su obispo como referentes fundamentales en el ejercicio de su ministerio. El sacerdote ha de buscar siempre ser el hombre de la comunión, que parte de la contemplación del misterio Trinitario y que la vive con acciones concretas que van fortaleciendo la unidad, la integración de los diversos dones, unas sanas relaciones humanas y una profunda espiritualidad de comunión.

Queridos sacerdotes tenemos la gracia de estar viviendo una realidad totalmente nueva para la humanidad, debemos ser concientes de ello, y, tal vez, por momentos ha llegado también a nosotros el desánimo y la angustia pero, eso  puede ser normal porque somos humanos, aunque debemos tener presente los pensamientos de Pablo cuando nos dice: “ “Por lo demas hermanos, sabemos que en todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman; de aquellos que han sido llamados según su designio.” (Rom 8,28. En este día quiero agradecer personalmente su trabajo apostólico e invitarlos a fortalecer entre nosotros la amistad y la unidad que nacen de los seguidores de Jesús, animarlos en sus quehaceres sacerdotales y que el Espíritu Santo renueve hoy la gracia de nuestro llamado sacerdotal. Pido a todo el Pueblo de Dios que oren por sus sacerdotes y que no nos cansemos nunca de pedir al dueño de la míes que envíe trabajadores a sus campos. Amèn

Mons. J. Armando Álvarez Cano

21 de Marzo 2021

¡MORIR PARA VIVIR!

Los cristianos nos preparamos para celebrar los misterios centrales de nuestra fe: la pasión, muerte y resurrección de Jesús Hijo de Dios. Fiestas que encierran, hasta cierto modo, una paradoja y que se refleja en las palabras de Jesús, «si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto» (Jn 12,24). Esto explica el misterio de la muerte de Jesucristo como entrega total de su vida, como un supremo acto de amor, fuente de gracia y de salvación para la humanidad de todos los tiempos, un acto pleno de fecundidad y obediencia al Padre que dará la vida a muchos.

No es un pensamiento fácil de comprender, porque el deseo más grande de una persona es vivir, tener una vida larga y plena, esto lo sabemos por nuestro sentido de sebrevivencia que nos lleva hasta lo imposible por conservar el último aliento y porque es el don más valioso que hemos recibido. Entonces pensar en ofrecer nuestra vida, en entregarla para que otros vivan, puede parecer una bonita idea cuando se trata de nuestros seres queridos, así como los padres de familia que se  entregan totalmente por sus hijos, o una persona que prefiere no casarse para cuidar y ayudar a sus padres, pero ofrecerla para que otros vivan sin ser personas conocidas o cercanas a nosotros, no es tan fácil comprenderlo.

Este pensamiento no es el único en el mensaje de Jesús, son varias la enseñanzas que nos lanzan a este reto: “porque el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará” (Lc 9,24), un pensamiento que parece ilógico en este momento de sobrevivencia a causa de esta pandemia, donde todos nos estamos cuidando y estamos llenos de temor por las enfermedades y muertes que estamos viendo, pero que en este pensamiento contradictorio nos lleva a encontrar el sentido más profundo de la entrega de Jesús.

La palabra pascua significa paso, el paso que realizó el pueblo de Dios a través del desierto de la esclavitud a la libertad; el paso de Jesús de la muerte a la vida en su resurrección; el paso que todos los cristianos debemos dar del pecado a la gracia. La celebración de estas festividades en estos momentos de COVID-19 tiene un verdadero sentido de pascua, como personas, familia, iglesia y sociedad, esta paradoja de muerte y vida, nos  brinda una oportunidad especial ahora, porque debemos dar paso a una vida mejor, dejando morir todo aquello que nos impide vivir como personas con dignidad, alegría, justicia y plenitud humana.

Mons. J. Armando Álvarez Cano

Obispo de Tampico

 

7 de Marzo 2021

¡MANTENGAMOS LA GUARDIA EN ALTO!


La experiencia que hemos vivido es demasiado fuerte para volver nuevamente a los momentos de crisis sanitaria que vivimos hace algunos días, aislamiento, cierre de negocios, parques y playas clausurados, templos desiertos, etc., muchas personas y familias han quedado profundamente marcadas por los momentos difíciles de esta pandemia, no sólo por los enfermos y las muertes de seres queridos, sino por los problemas económicos, familiares y psicológicos que están sufriendo.

Ciertamente el paso de un año bajo esta tormenta nos ha dejado muchas enseñanzas de una enfermedad qué para el mundo es desconocida; los médicos, las organizaciones sanitarias internacionales, los remedios caseros nos han ido dando caminos de cómo cuidarnos mejor, así como tomar las prevenciones necesarias para defendernos de ella.

También hemos ido aprendiendo a sobrevivir a todas las consecuencias que esta enfermedad ha desencadenado, al principio, muchas personas y familias que viven al día sintieron que el mundo se les venía encima cuando vieron perder su trabajo y se quedaron sin poder salir adelante con lo más indispensable, no digo que esto ha terminado, al contrario, se ha agudizado aún más, pero muchos han encontrado la manera de resistir en espera de tiempos mejores.

Gracias a Dios la baja de contagios y el inicio de la campaña de vacunación, que son todavía índices muy pequeños y que estamos lejos de que sea algo significativo para la salud en general de la población, ha traído un sentimiento de cierta seguridad y esperanza de que esto termine ya pronto, lo mismo sucede con la apertura de ciertos espacios públicos, tiendas, actividades sociales y religiosas, dan a las personas la impresión de cierta confianza de que lo peor ya está pasando.

Pero el fin de esta situación aún está lejos y todo esto puede resultar muy engañoso si entramos en un estado de confianza excesiva que nos haga volver a momentos que ya nadie quiere y nos haga retroceder.

Debemos estar comprometidos con la seguridad, las medidas de salud e higiene que hemos aprendido para evitar que nuevamente nos relajemos  irresponsablemente, porque un nuevo repunte en los casos de Covid – 19 traería consecuencias aún más graves en el ánimo y la situación difícil de muchas familias. No bajemos la guardia, mantengámonos alerta viviendo responsablemente nuestro sentido comunitario y social.

MONS. J. ARMANDO ÁLVAREZ CANO 

OBISPO DE TAMPICO 

28 de Febrero 2021

¡DE UNA CRISIS NO SE SALE IGUAL : SALIMOS MEJORES O SALIMOS PEORES!

En su mensaje con motivo del 75 Aniversario de la ONU, el Papa Francisco exhortó a este organismo internacional a tomar un papel más relevante en los diversos problemas que aquejan a la humanidad hoy en día y que se han visto agrabados por los estragos de esta pandemia, en su mensaje el Pontífice exhorta a garantizar a todos los países la vacuna, un trabajo digno para las personas, el respeto a la dignidad de todo ser humano, cuidar la naturaleza, así omo los derechos de las mujeres y los niños.

El santo padre señala en una de sus frases más destacadas que, de “una crisis no se sale igual, salimos mejores o salimos peores”, en su mensaje destaca que esta pandemia es una gran oportunidad para rectificar el camino en aquellos aspectos que vulneran la dignidad de las personas y dar paso a una humanidad más justa y fraterna. En tono cuaresmal señala que, “es por ello que considero que es un momento oportuno para “la conversión” repensando “nuestra forma de vida” y “nuestros sistemas económicos y sociales”, pero también es una oportunidad para una “retirada defensiva” con características individualistas y elitistas”.

Todos en la vida hemos pasado por diversas crisis y nos damos alguna idea de lo que esto significa, es una situación grave y decisiva que pone en peligro el desarrollo de unasituación y  nos da la oportunidad de realizar una elección en un momento determinado, ya sea para crecer y madurar más, o para dejar una situación aún peor. La palabra crisis significa cruce de caminos, es decir, de pronto nos encotramos frente a varias posibilidades para seguir adelante y tenemos que decidirnos por una, corresponde a la persona poner en juego su libertad y elegir, o de lo contrario será empujado por las circunstancias a ir por donde nunca pensó.

Sabemos que la pandemia del COVID-19 ha representado para la humanidad una crisis profunda que nos ha llevado a replantear muchos aspectos y a observar con detenimiento caminos equivocados que tendremos que rectificar. Ahora a la sociedad le corresponde elegir, si sigue por el mismo camino o es capaz de rehacerse desde otra perspectiva, pero no puede permanecer igual porque lo más triste es que después de una experiencia tan amarga siguiera con los mismos errores que esta pandemia han descubierto.

También es necesario de manera personal y familiar plantearnos este cuestionamiento que el Papa Francisco señala y darnos cuenta si esta pandemia que nos ha hecho entrar en crisis nos ha ayudado a sacar lo mejor de nosotros o nos esta dejando más dañados, sacando los sentimientos más obscuros de nuestro interior.

MONS. J. ARMANDO ÁLVAREZ CANO
OBISPO DE TAMPICO

 

20 DE FEBRERO 2021

LA CUARESMA: UN LLAMADO A LA CONVERSIÓN

Con el miércoles de ceniza, en un momento incierto y angustiante para muchas familias, dio inicio la cuaresma, este tiempo especial de gracia y bendición que nos prepara para la celebración de los misterios centrales del cristianismo: la pascua del Señor. La cuaresma no tiene un fin en sí mismo, si no que es un camino de preparación, que tiene su importancia ciertamente, pero como todo camino nos lleva a algo más importante que en este caso es llegar bien dispuestos a las festividades de Semana Santa donde celebramos la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo.

Una palabra es clave al iniciar la cuaresma: la conversión. Este es el llamado que el Señor hace en esta cuarentena espiritual a todos los creyentes para renovar su vida cristiana, volver a lo esencial de su fe, dejando de lado todo aquello que nos aparta o nos distrae del camino de Dios. Porque la verdadera conversión no nos invita solamente a dejar de hacer cosas “malas” que se van haciendo costumbre en nosotros, no va solamente a la conducta de las personas, sino que es una invitación que va al corazón, ahí está el centro de la verdadera conversión que Dios quiere para sus hijos, porque Él sabe, según la tradición bíblica, que ahí están los sentimientos, los pensamientos, las ideas, los valores de la persona.

En el centro de la conversión se encuentra el primer mandamiento: “Escucha Israel, el Señor nuestro Dios es uno solo. Amarás al Señor tu Dios con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente, con todas tus fuerzas” (Mc 12,29). Estamos acostumbrados a decir que el primer mandamiento es amar a Dios y a nuestro prójimo, y nos brincamos el primer verbo que dice el libro del Deuteronomioy que Jesús repite, “escucha”, aquí esta la clave del mandamiento más importante de la vida cristiana, lo primero que Dios quiere de nosotros es que lo escuchemos porque de lo contrario no podremos amarlo.

Podemos decir que la conversión es esa gracia que debemos pedir constantemente a Dios y que nace en el corazón de las personas, porque no se trata tan solo de un esfuerzo humano y voluntarioso para acercarnos a Él, sino de una gracia pedida con humildad que nos lleva por la acción del Espíritu Santo a escuchar a Dios y transformar toda nuestra vida.

En este contexto cuaresmal la Iglesia propone a los creyentes tres elementos muy concretos para vivir este tiempo: la oración, la penitencia y la caridad. Cada persona tenemos una situación muy particular para llevar a cabo estos propósitos, especialmente en estos tiempos de pandemia, pero no debemos perder de vista lo esencial de esta exhortación cuaresmal que Dios nos hace, recordando lo que señala el salmo 94 que proclamamos en la liturgia: “Señor que no seamos sordos a tu voz”.

MONS. J ARMANDO ÁLVAREZ CANO
OBISPO DE TAMPICO